Hongos mágicos, rituales, chamanes y deidades en el Cerro de la Adoración

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Dicen que existe un extraño cerro en Oaxaca, donde puedes platicar cara a cara con el dios que rige a su pueblo; después de todo, es como si visitaras a un amigo en casa. ¿Te suena? Es aquí donde nació María Sabina, la famosa sacerdotisa de los hongos: Huautla de Jiménez. No podemos negar que la belleza de sus paisajes lo distingue; pero su gente, su medicina herbal con siglos de tradición, los guías espirituales, los rituales, son quizás la parte más emblemática e importante de su cultura, así como de la vida cotidiana. Aquí, la vegetación sube y baja con las montañas; su intenso aroma a tierra mojada contrasta con el olor de las flores, el cacao, el incienso o el café que se cultiva en la zona. Mágico ¿verdad?

Si te laten las vivencias místicas, o si tienes un pasado –tal vez un presente– hippie, entonces quédate a leer sobre la experiencia sagrada, imperdible, de visitar este lugar.

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¿Y llego por viaje astral o qué?

No, debes hacerlo a pie. Verás, muy cerca del Museo Casa de María Sabina, se encuentra el acceso a esta montaña, también llamada “Morada del Guardián de los Cerros”. Desde el nombre impone ¿no crees? Eso sí, antes de dar un paso sobre él, debes saber que se le considera un sitio sagrado; lo es para sus pobladores, y para los chamanes mazatlecas, que suben una vez al año con sus vestimentas típicas para realizar rituales especiales. Allí adquieren la energía necesaria para sus limpias; sin embargo, la parte más impresionante es su encuentro con el Dios del Cerro, a quien piden paz, armonía, tranquilidad –porque es bien enojón– y fertilidad sobre las tierras de la verde Huautla.

Para visitarlo, lo mejor es que te acompañe un guía, quien habrá de narrarte todas las leyendas que lo rodean. Si acudes en verano, existe una gran posibilidad de que encuentres muchos honguitos en sus faldas; el resto del año hay otro tipo de plantas comestibles, como el anís. Es el escenario perfecto para tomar fotos, practicar senderismo, andar a caballo o incluso acampar. Claro que, si lo planeas con tiempo, puedes viajar el 1 de mayo y vivir de cerca la reina de las celebraciones de Huautla. Te contamos de qué trata, no sin antes explicarte quién es el festejado.

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Chicón Tokoxo o el dios güero del cerro

Es el dueño sobrenatural del territorio mazateco, desde Huautla de Jiménez, Oaxaca hasta Los Tuxtlas, Veracruz. Verás, cuando Dios creó el mundo, los hombres pidieron distintos territorios, de acuerdo a sus conveniencias; unos cerca del mar, otros a la orilla de los ríos, otros más en llanos, mientras que los de Huautla con Chicón Tokoxo al frente, decidieron apropiarse de los cerros para vivir libres de los otros grupos. Él se presenta entre los humanos como un señor güero, alto y muy bien vestido, usualmente de charro y montando un caballo blanco. Esto para destacar entre la población. Es amable, da fortuna y salud; pero también puede llegar a ser muy obstinado y terrible cuando se enoja o reclama lo que quiere para él. Pareciera que el capricho es cosa de dioses ¿no crees? Ya ves a la Tlanchana.

En fin. La Gran Ciudad de Chicón Tokoxo se extiende por las entrañas del Nindó Tokoxo –o el ya mencionado Cerro de la Adoración–, pero abarca también el Cerro Rabón de Ixcatlán y el Cerro San Martín, así como las Cumbres de los Frailes. Aquí, el Chicón se te aparece cerca de los manantiales y en los viejos caminos. Seguramente te hará propuestas de compra, venta o trueque, pero bien sabes que es peligroso aceptar cualquier trato con los dioses ¿cierto? El Chicón, por ejemplo, puede cobrarse llevándote por ingenuo –vivo o muerto- para que sirvas en sus tierras subterráneas, réplicas de las ciudades que existen en la tierra mazateca.

Él se comunica con su pueblo a través de los “shutá shiné”, que son los yerberos-curanderos o chamanes que ingieren hongos alucinógenos para establecer contacto divino. Y más vale rendirle cuentas una vez al año, para tenerlo contento y que el pueblo se mantenga próspero, alegre, vivo.

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Rituales chidos (y necesarios)

A pesar de todo, esta celebración sobrevivió a la Conquista Española, se ha impuesto a otras religiones y se practica cada primero de mayo, llueva, truene o relampaguee. Desde temprano, miles de personas caminan hasta la parte más alta de Nindó Tocoxo –que probablemente sea el centro ceremonial prehispánico menos conocido del país-. Allí, a más de 2 mil metros sobre el nivel del mar, los mazatecos hablan con Chicón Tokoxo para pedirle buenas cosechas, pero también buscan no despertar su ira, evitando así desastres, muerte y destrucción.

Existen tres cuevas habilitadas como altares, que son llenadas con hojas de laurel, cacao, cera, copal y algunas flores en ofrenda. Los chamanes, por su parte, llevan unos paquetes llamados “mágicos”, que contienen huevos de totola, plumas de guacamaya y papel amate, todo envuelto en pliegos de papel estraza y hojas de platanillo amarrados con pabilo blanco.

En la parte más alta del cerro, los curanderos limpian a los recién llegados con hojas de laurel, alejando las malas vibras y los espíritus malignos. Ya purificados, se dirigen a la primera cueva a entregar sus regalos y dar las gracias a la divinidad por los favores recibidos, y formular nuevas peticiones. Es importante llegar al final del recorrido en ayunas.

¿Qué opinas al respecto? Súper interesante ¿no crees? ¡Y esto es sólo una pequeña parte de todo lo que México y Oaxaca tienen por ofrecer!

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