Che Uinic, el monstruo de la selva de Yucatán

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Si hablamos de leyendas, la Península de Yucatán se distingue por la cantidad y fantasía de sus historias. Muchas se remontan a los orígenes mayas de la región, pero también existen varias que se originaron durante la conquista española.

Hoy queremos narrarte una en específico, acerca de una bestia que vivía en la selva, devoraba hombres y tenía los pies al revés. ¡Conócela a continuación!

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Un monstruo incomprendido

Cuenta la leyenda que, hace mucho tiempo, habitaba en las selvas mayas un ser de gran tamaño, al que llamaban "El Salvaje". Era en verdad espeluznante; lucía como un gorila muy peludo, tenía los pies al revés, y lo más terrorífico era su vientre, con una gran abertura que permitía ver sus entrañas. Dicen que poseía una gran fuerza, que las balas no lo herían, y que era muy feroz.

Algunos cazadores españoles intentaron ir por la bestia, pero terminaban devorados, pues al tratar de alejarse de su rastro llegaban directamente con él, debido a la orientación de sus pies. No obstante, El Salvaje era en realidad un guardián de la naturaleza, y su objetivo era resguardar las bondades de la Madre Tierra.

Él llevaba una vida tranquila, hasta que sus dominios fueron alterados por la ambición del ser humano.

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Un acto cruel

Los sabios mayas decían que el gigante era un amuleto de la suerte, y que lo único que tenía el poder de tranquilizarlo, era la música. Entonces un mal brujo llamado Rubén fue a buscarlo, y en las selvas del sur decidió esperar por él, hasta que se quedó dormido.

En medio de la noche, cuando el brujo despertó, frente a él se hallaba el tan temido Salvaje, que lo miraba con extrañeza. Rubén trató de levantarse con mucha cautela, pero fue en vano, pues el monstruo rugió con intención de devorarlo, como lo hacía con todos los que se atrevían a entrar en su hogar. La selva se estremeció, y el hombre corrió llevando siempre su guitarra. En cuanto logró ponerse a salvo, en una enorme roca, comenzó a tocar una alegre melodía.

El Salvaje se detuvo y lo contempló… parecía agradarle. De hecho, comenzó a bailar al ritmo de la canción, y mientras más alegre se volvía el sonido, más divertido se ponía él. La bestia empezó a reír hasta caer a carcajadas al suelo, revolcándose mientras sostenía sus tripas que amenazaban con salir.

Entonces ocurrió lo impensable. El impiadoso brujo soltó su guitarra, sacó el filoso machete en su cintura, y sin más le cortó la cabeza.

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Terribles consecuencias

Cuando la noticia llegó al pueblo, la gente se alegró de que la amenaza terminara. Todos comenzaron a felicitar a Rubén por su valor; recibió muchos regalos, lo respetaban, e incluso logró casarse con la doncella más hermosa del pueblo. Estaban felices… menos la selva.

No mucho tiempo después, comenzó la desgracia con una gran sequía. Las cosechas se perdieron, el agua en la presa terminó por echarse a perder, y debido a esto muchos niños enfermaron y fallecieron.

La gente entonces culpó a Rubén por haberse desecho de El Salvaje, y con ello enfurecer a la Madre Naturaleza. Una noche, mientras el asesino cortaba leña, los habitantes fueron a su casa y la quemaron, sin dar tiempo al brujo de escapar junto con su mujer.

Pero después de esto las calamidades no cesaron. En cambio, la gente aprendió a respetar la selva y todo lo que allí vive; cualquier atentado en contra de la naturaleza puede traer auténticas desgracias.

¿Qué piensas de esta leyenda? ¿La habías leído antes? ¡Dinos en la sección de comentarios!

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