CACAO: el maravilloso regalo de Quetzalcóatl

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En esta época de frío, qué deliciosa nos sienta una taza de chocolatito caliente ¿verdad? Aunque, en realidad, no importa qué día del año sea, pues siempre es el momento ideal para degustar una de las tantas delicias que se han creado a base del exquisito cacao: mole, helados, pasteles, bebidas, caramelos, entre muchos platillos más.

De hecho ¿sabías que existe una antigua leyenda tolteca que narra su origen? Según ésta, los mexicanos estaríamos en deuda con la serpiente emplumada, pues el cacao fue un regalo suyo ¡y vaya que lo seguimos disfrutando! ¿Te la sabes? Si no, no te preocupes, te la contamos abajo.

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Un dios benévolo

Quetzalcóatl, el dios representado como una serpiente emplumada, es una figura muy querida en nuestro folklor. Era descrito como un padre bondadoso, que enseñó al ser humano las artes de la agricultura, la astronomía, la medicina y las artes plásticas. Era austero, odiaba la guerra y se oponía a los sacrificios; todo lo contrario a Tezcatlipoca, el mago negro que consiguió desterrarlo.

Verás, según la tradición, Quetzalcóatl había desembarcado en México, en la costa de Veracruz, desde donde viajó a Tula y Cholula. Cuando fue expulsado, juró regresar en el año del calendario azteca 1519, que coincidió con la aparición de los primeros colonizadores españoles, de ahí que fueran recibidos y tratados como dioses.  

Cuando Hernán Cortés arribó, le fue obsequiado un gran vaso de oro con cacao líquido. El simbolismo de este regalo radica en la leyenda del chocolate.

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Cacao, de origen divino

Se dice que Quetzalcóatl otorgó a los hombres valiosos granos de cacao, pues deseaba tener a su pueblo bien alimentado, y que de esa manera pudieran dedicarse por completo a mejorar como personas; trabajar en ser más sabios, arquitectos, artistas y artesanos. Para ello, la serpiente emplumada robó las semillas del paraíso en donde vivían los dioses, y plantó un pequeño arbusto en Tula.

Le pidió al dios del agua, Tláloc, que enviara lluvia a la Tierra para que la planta pudiera alimentarse y crecer. Después fue a visitar a Xochiquétzal, diosa del amor y la belleza, y la convenció de dar al árbol hermosas flores. Con el tiempo, la planta floreció y dio frutos de cacao.

Quetzalcóatl entonces les enseñó a los toltecas cómo tostar sus granos, molerlos y después batirlos con agua para así obtener una rica bebida. Los habitantes del pueblo se convirtieron en hombres poderosos gracias a este manjar tan delicioso como energético.

Sin embargo, cuando los dioses se enteraron de todo lo que habían logrado gracias al chocolate que Quetzalcóatl había robado, la ira y la envidia que se apoderó de ellos fue tan grande, que juraron vengarse de la serpiente emplumada y de los toltecas. Una bebida de dioses simplemente no podía ser consumida por mortales.

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El destierro de Quetzalcóatl

Como parte del plan, Tezcatlipoca, el máximo enemigo de Quetzalcóatl, descendió transformado en un comerciante de pulque. Éste se acercó al dios benévolo y le ofreció dicha bebida embriagante, asegurándose de que tuviera tan buen sabor, que pudiera despojarlo de cualquier malestar o pena. El pobre Quetzalcóatl, que creyó en las palabras del comerciante, tomó el pulque y se emborrachó.

Al día siguiente despertó, y se percató de que había actuado de forma deshonrosa delante de todo su pueblo. Entonces se sintió tan avergonzado, que decidió marcharse para siempre. Mientras lloraba, notó que todas las plantas de cacao cultivadas con tanto cariño se habían secado; por lo que, al llegar a Tabasco, esparció las pocas semillas que le quedaban en tierra fértil. Éstas se reprodujeron, y ese es el chocolate que hasta al día de hoy podemos disfrutar.

¿Qué opinas de esta historia? ¿Te gustó? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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