Diciembre en México huele a buñuelos

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El mes de diciembre en México es increíble; esto por sus festividades, sus calles llenas de luz y, por supuesto, debido a su gastronomía única en el mundo. Encontramos ponche, pavo, tamales, tejocotes, y muchas otras delicias más, entre las cuales destaca un aroma cálido, de canela y piloncillo. Éste muy probablemente proviene de cierto antojito dulce y crujiente que, aunque también disfrutamos durante ferias y otras fiestas populares en nuestro país, es característico de Navidad. ¿Sabes a qué nos referimos?

Los buñuelos, deliciosas frituras con una gran tradición cultural y culinaria en México, son elaborados con harina y huevo, para después freírse en aceite o manteca. A veces se espolvorean sólo con azúcar, o se comen bañados en miel y piloncillo. ¿Los has probado? ¿Conoces su origen y variedades? Si no, nosotros te contamos aquí abajo.

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El arte del buñuelo

Así como los ves, su receta data de hace –apenas– unos dos mil años. Surgieron en países como Turquía, Marruecos y Egipto, donde se comían bolitas de masa frita con miel. Como podrás imaginar, esta simpática botana pronto llegó a España, donde se transformó en los buñuelos de viento, bolas de masa de harina de trigo, manteca, huevos y relleno dulce; para finalmente emigrar a México. Aquí, a diferencia de la gastronomía española, permanecieron sólo con su base de masa frita, emulando una tortilla. Y desde entonces, han representado un manjar disfrutado por todos.

Por ejemplo, en El Cocinero Mejicano (1845), recetario de Mariano Galván Rivera, se describen versiones de buñuelos con queso añejo, fresco o requesón; con chirimoyas, leche, pulque, maíz, almendras, rábanos, frijoles, camote, pasas, e incluso los “pícaros”, que son envinados. Otra opción era “a la francesa”, con frutas en rodajas infusionadas en aguardiente con azúcar, fritas y más azúcar encima. ¿Se te antojan?

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Hoy en día también existen muchas formas –regionales o no– de prepararlos; hay tantos sabores como formas, pues pueden ser de bola, ovalados, roscas, o de molde, con figuras de estrellas, flores, campanas o ángeles. Hay quienes los sirven espolvoreados de azúcar y canela, aunque otros lo hacen con miel de abeja o de piloncillo, mezclada con frutas de temporada como guayaba. ¿Se te hace agua la boca?

¿Cómo los comes tú? ¿Existe alguna variante específica de tu región? ¡Cuéntanos en los comentarios!

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